El abogado frente a la máquina: de The Verdict a la Inteligencia Artificial

Por Gonzalo Laterra Fernández
Abogado litigante – Magíster en Derecho Privado (UdeC)

«You’re Mr. Independent. You want to be independent? Be independent now.«– The Verdict (1982)

Paul Newman, en The Verdict (1982), interpreta a un abogado que enfrenta un sistema judicial corrompido por la rutina.
Cuando el juez lo llama “Mr. Independent”, no lo elogia: lo castiga por no plegarse a la lógica del poder.
El filme muestra que la independencia profesional tiene un precio, pero también un sentido ético: el abogado que defiende una causa justa, incluso cuando el sistema le da la espalda, es quien mantiene viva la idea de justicia.

Esa misma tensión reaparece hoy con la irrupción de la Inteligencia Artificial en el Derecho.
La automatización promete eficiencia, pero amenaza con sustituir el juicio humano por predicciones estadísticas.
En mi investigación para el Magíster en Derecho Privado de la Universidad de Concepción planteo la posibilidad de aplicación de IA en el procedimiento de liquidación voluntaria de la Ley 20.720, precisamente para explorar ese límite: cómo incorporar tecnología sin vaciar de humanidad al proceso judicial.

La IA puede asistir al juez, pero no reemplazar su conciencia.
Puede ordenar la información, pero no ponderar la justicia.
Puede imitar el razonamiento, pero carece de criterio, porque el criterio implica experiencia, prudencia y empatía: tres dimensiones que sólo pertenecen al ser humano.

El Derecho —y quienes lo ejercen— seguirán siendo necesarios mientras exista la capacidad humana de entender el contexto, interpretar el dolor y decidir con justicia, no sólo con datos.
Ni el juez ni el abogado pueden delegar eso en un algoritmo.
Porque lo que sostiene a la justicia no es la velocidad del cálculo, sino la el criterio humano.

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